domingo, 17 de octubre de 2010

Relatos de niños abandonados

Ludwin, Rony y Pablo
Viven en el hogar desde hace 10 años, cuando Ludwin tenía 4 años y Pablo era un bebé. Hoy tienen 14, 12 y 10 años . Llegaron por orden de un juez, tras las denuncias de los vecinos de que recibían malos tratos. Su madre los recuperó en 2004, pero los devolvió 2 años después. De la época que vivieron con sus padres hablan poco. Sólo que a Rony lo atropelló un carro, que los mantenían encerrados y que dejaron de estudiar. Regresaron al hogar delgados, sucios, con golpes y cicatrices. Del padre, alcohólico, no saben nada. De la mamá han oído que está en un manicomio. Ludwin es amable y cariñoso, pero le cuesta hacer amigos y tiene problemas de aprendizaje. Recientemente recordó que su padre abusó sexualmente de él. Pablo siempre está de buen humor, pero tiene déficit de atención. Varias veces les han dicho adiós a niños del hogar que han sido adoptados. “A veces lloro”, dice Pablo. Algunos eran sus amigos y los echa de menos.

Margarita
Tiene 11 años y no logra pasar de preparatoria. En su expediente no figuran apellidos. Se sabe que su hermano la pateaba y le pegaba con un cable de teléfono. Que su mamá trabajaba en un bar y era alcohólica. La nena vivió en la calle y mendigó comida y dinero. Cuando la rescataron estaba cundida de piojos y con los dientes deteriorados. Llegó al orfanato hace 3 años, pero no recuerda nada. También le cuesta recordar qué hizo el día anterior. Una revisión clínica detalló que tenía retraso mental leve y que posee un coeficiente intelectual entre 60 y 70 puntos. Padece de trastornos emocionales y aún moja la cama. Pero Margarita es ajena a todo eso. Sonríe siempre. Le gusta jugar fútbol y saltar cuerda. Vive el día a día y, afortunadamente, no recuerda nada.
Dany
Sufrió trauma cerebral invasivo debido a las fuertes sacudidas que le propinaron, posiblemente su madre. Padece de convulsiones y de flacidez general y tiene una cicatriz de origen desconocido en la nuca. La abuela ya no pudo cuidarlo. El médico predijo que no viviría mucho, pero ya sobrevivió el año. Con las terapias de estimulación ha llegado a sonreír, pero ve muy poco. Sus padres aún lo visitan, lo cual dificultará que sea declarado adoptable.
Antonio
Su mamá creía que era desobediente y necio. No sabía que no oía. Fue abandonado hace dos años y nadie ha preguntado por él. Está en proceso de ser declarado adoptable. Es estudioso y aplicado. Cursa tercero primaria en un aula regular. Con la ayuda de aparatos consiguió escuchar. Nació hace diez años.
Raúl
Tiene 12 años, ha vivido una década en el hogar y nunca ha recibido visitas. Es la única forma de vida que conoce y no tiene ningún interés en cambiarla. “Ya me acostumbré aquí”, asegura. No quiere ser adoptado. Este año tuvo un citatorio en el Consejo de Adopciones y se asustó. Creyó que iban a llevárselo. Cuando cumpla 18 años pasará a integrar el grupo de decenas de niños abandonados que han crecido en ese orfanato, al que siguen considerando su única casa y familia y que lo visitan frecuentemente.
Wendy
La abandonaron en el hospital cuando nació y nunca preguntaron por ella. De eso hace 14 años, el tiempo que lleva viviendo en el hogar. Padece un síndrome poco frecuente, del que se tienen registrados poquísimos casos en el mundo y que provoca el crecimiento desmedido de algunos órganos. Su pie es tan grande que le cuesta levantarlo y contrasta con su rostro delgadito y el cuerpo menudo. Hace mucho tiempo una familia extranjera intentó adoptarla, pero el burocrático trámite judicial la desmotivó. Ahora Wendy no tiene interés en salir del hogar. “Nunca he pensado en eso. No sé qué contestaría”, dice.
María, Amalia, Dalia, Suly y Lubia
Son 5 hermanas de 6, 8, 11, 13 y 16 años. Se separaron de la madre hace 4 años, cuando María, la mayor, se animó a contarle que el padrastro –y padre de sus hermanas– abusó de ella varias veces. Él se fue preso y ellas, al hogar. La mamá, que estaba embarazada, nunca las visitó. Amalia prefiere pensar que es porque no tiene dinero. Lubia, de 6 años, la traviesa y extrovertida, se muere por conocerla. María asumió el papel de protectora. Las pequeñas le dicen mamá.
Cuenta que ha orado mucho para que una familia quiera adoptarlas. Se la imagina amorosa, todas viviendo juntas y felices.
Víctor
Se le cae la pose de seriecito y desconfiado aunque no lo quiera. Es tierno. De cachetes pellizcables y ojos tristones. Tiene 12 años y reside en el hogar desde hace 4. Antes vivió con la madre y con la madrina, pero ninguna podía hacerse cargo de él. Sufrió una serie de abusos a lo largo de su vida, los cuales ha ido superando con terapias psicológicas intensivas. Dice que le gustaría ser arquitecto o un buen dibujante y que lo adoptara una familia de Estados Unidos, como las que adoptaron hace un tiempo a otros niños del orfanato, pero que también estaría bien una guatemalteca, que le dé todo lo que él quiere, o sea “juguetes, juguetes y juguetes”. Nunca ha habido una familia interesada en adoptarlo.


1 comentario:

  1. Gracias por estos TESTIMONIOS de vida de los más vulnerables nuestrso niños/as. No todo es como Disney lo plantea.

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